Por Florencia Ricardes
“Si he perdido la vida, el tiempo,
Todo lo que tiré como un anillo al agua.
Si he perdido la voz en la maleza,
me queda la palabra.”
Blas de Otero
Cuando pensamos en una pluma y en un tintero
lo primero que se viene a la mente es el
nombre de algún poeta o de algún escritor que por cuestiones temporalmente
razonables, ya no pertenece más a este mundo.
Nos trasladamos así, a otro tiempo en el
que el escribir era un verdadero arte. En ese tiempo un poeta era una persona importante para la
sociedad. Hoy también existen poetas y grandes escritores pero, en general, son
leídos y valorados por una pequeña cantidad de personas que gozan de la
literatura. En la sociedad actual las
personas son reconocidas por el dinero que tienen y los poetas y escritores
“recomendados” son los que venden muchos libros porque representan grandes
negocios para las editoriales que se los
publican y tienen muchas técnicas y acciones de marketing detrás.
Existe una diferencia entre la visión
actual de la sociedad respecto de un poeta con referencia a la de siglos atrás,
donde la literatura y, en especial, la poesía y la dramaturgia, eran verdaderas
fuentes de pensamiento, reflexión y formación teniendo gran influencia en la
sociedad.
Ahora bien ¿Qué
es escribir?
Escribir es una acción por la cual el autor expresa lo que siente, lo que piensa y hasta
incluso lo que imagina. Para algunos es
una tarea tediosa con la que tienen que lidiar todos los días.
Sin embargo, para otros es un deseo, una
forma de expresión que en vez de pesarles, los hace sentir cada vez más livianos; esos son los
artistas.
Lo más interesante es que en el arte de
los discursos escritos existe una gran variedad de géneros que nos permiten
elegir el mundo creativo en el que queremos participar. Principalmente se reconocen los tres grandes
grupos genéricos del discurso literario: el género narrativo:”El mundo de los
cuentos y las novelas”, el género lírico: “El mundo de las bellas palabras en poemas”
y el género dramático: “El mundo de las obras de teatro”.
Lo que realmente se esconde entre ellos,
son una serie de condiciones que le aportan una estructura determinada al texto que además son responsables del efecto que las palabras,
ya sea en prosa o en verso, tienen sobre los lectores. Esto es importante porque hay personas a las que es más
fácil conmover con un poema y otras que se entusiasman más con las
novelas.
Borges decía: “Un libro es una cosa entre las cosas, un volumen
perdido entre los volúmenes que pueblan el indiferente universo; hasta que da
con su lector, con el hombre destinado a sus símbolos.”
En su frase, Borges dice algo muy
cierto que además hace referencia a la diversidad humana que es la causa
fundamental por la cual no somos todos iguales.
En simples palabras,
una pluma y un tintero nos trasladan a otra época y a otra sociedad; la que valoraba las letras
y sus creadores.
El teclado se llevó
al tintero y con él a esos hombres y mujeres que comprendían los secretos del
arte y se hacían preguntas
trascendentales.
Quedamos nosotros…

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